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DECLARACIÓN DE PAZ

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DECLARACIÓN DE PAZ

6 de Agosto de 2016

 

El 6 de agosto de 1945, a las 8:15 de la mañana, un “mal absoluto” que nunca antes había experimentado ser humano alguno se desató en Hiroshima, rasgando el cielo claro y azul, y dejando la ciudad reducida a escombros en un instante. Mató a ciudadanos inocentes, desde niños hasta ancianos, incluyendo, entre otros, a gente de la Península Coreana, de China, del Sudeste de Asia y hasta prisioneros estadounidenses. A finales de aquel mismo año, 140.000 personas habían perdido su preciada vida.

 

Las víctimas que a duras penas lograron sobrevivir, y que habían sufrido daños provocados por la radiación, tuvieron que soportar tratos discriminatorios tanto a la hora de buscar trabajo como a la de contraer matrimonio. Aún hoy llevan grabadas profundas cicatrices tanto físicas como mentales. De aquella ciudad devastada y destruida en su totalidad, renació Hiroshima como una hermosa ciudad de paz, pero lo que ya nunca podremos recuperar son las escenas de la vida diaria desarrollada a orillas del río ni tampoco la cultura tradicional nutrida por siglos de historia arrebatada por ese “mal absoluto”.

 

Un hombre que por aquel entonces tenía 17 años relataba : “Las calles estaban llenas de cadáveres carbonizados con un olor apestoso. Hiroshima, convertida en un mar de fuego hasta donde alcanzaba la vista, era un infierno viviente”. Otra mujer, entonces una chica de 18 años, manifestaba también al recordar la durísima experiencia : “Yo estaba cubierta de sangre. Había personas cuya piel de la espalda caía derretida hasta los pies o que gritaban pidiendo agua”.

 

Ahora que han transcurrido 71 años de aquella terrible barbarie, tadavía existen más de 15.000 armas nucleares, mucho más poderosas y destructivas que las bombas que provocaron esta tragedia, capaces de destruir la Tierra entera. Ahora sabemos también de numerosos accidentes e incidentes que nos han llevado al borde de una explosión nuelear o de la guerra. Incluso hoy se teme su uso para fines terroristas.

 

Ante esta realidad, no podemos hacer oídos sordos a las voces de las víctimas. El hombre que describió a Hiroshima como el “infierno viviente” lanza un llamamiento : “Para el futuro de la humanidad, es preciso que cooperemos entre todos a respetar la vida para poder vivir felices y en paz”. La mujer cubierta de sangre insiste : “Jóvenes de las próximas generaciones, griten, por favor, en voz alta que no necesitamos armas nucleares para poder vivir al máximo y en plenitud la vida que nos ha sido dada,”. Ahora nos corresponde a nosotros poner en práctica lo que ellos nos dicen. Tenemos que respetar la diversidad de valores y hacer esfuerzos constantes para poder construir un mundo en el que todas las personas podamos “convivir en plena armonía”.

 

El pasado mes de mayo, el presidente estadounidense Barack Obama visitó Hiroshima, escenario de la bomba atómica lanzada por su país, por primera vez como presidente en ejercicio, y declaró : “Las naciones que, como la mía, disponen de armas nucleares, debemos tener la valentía de escapar de la lógica del miedo y buscar un mundo sin ellas”. Aceptó el grito, lanzado desde lo más hondo del corazón, de los hibakusha, sobrevivientes de la bomba atómica, de que “Nadie más deberá sufrir como nosotros”, y mostró no solamente al pueblo de los EEUU sino también al mundo entero una “pasión” para luchar por la eliminación de las armas nucleares. Esta manifestación del Presidente Obama es una prueba de que la intención firme del pueblo de Hiroshima de no permitir y rechazar el “mal absoluto” ha conseguido emocionar al Presidente.

 

Es la hora de honrar el espíritu y el deseo de Hiroshima, ¿por qué, pues, no nos ponemos en acción mostrando nuestra “pasión” y “solidalidad” a fin de encontrar el camino para eliminar del mundo el “mal absoluto”, que es el ejemplo de la inhumanidad llevada al extremo? Este año, por primera vez, los ministros de asuntos exteriores del G7 se reunieron en Hiroshima e hicieron un llamamiento para que los gobernantes de todo el mundo visitaran Hiroshima y Nagasaki, superando las diferencias entre países poseedores o no de armas nucleares. Al mismo tiempo, hicieron una declaración para pedir tanto la pronta entrada en vigor del Tratado de Prohibición Completa de Ensayos Nucleares como el cumplimiento de la obligación de establecer negociaciones de acuerdo con el Tratado de No Proliferación Nuclear. De manera incuestionable esta declaración ha constituido el primer paso hacia la “solidalidad”.

 

Los gobernantes tienen que reforzar aún más la “solidalidad” y hacer “esfuerzos apacionados” para establecer un sistema de seguridad basado en la confianza y en el diálogo. A este fin les pido una vez más que visiten las ciudades que sufrieron el bombardeo nuclear. Como confirmó el Presidente Obama en Hiroshima, esta visita hará, con toda seguridad, que quede grabada en su memoria y en su corazón la realidad de lo que ha supuesto la bomba atómica, así como compartir el sufrimiento y el dolor de los hibakusha. Tengo la seguridad de que esto va a conducir a la manifestación de nuevas disposiciones.

 

La edad media de los hibakusha supera los 80 años. A ellos les queda cada vez menos tiempo para contarnos personalmente sus experiencias. Jóvenes, necesitamos su ayuda para transmitir y difundir los deseos y las palabras de los hibakusha. La Red de Alcaldes por la Paz, organización mundial compuesta por más de 7.000 ciudades miembros, fomentará el intercambio entre jóvenes del mundo, mediante el despliegue de actividades, bien a nivel regional por medio de más de 20 ciudades líderes, bien a nivel mundial lideradas por las ciudades de Hiroshima y Nagasaki. De esta manera, la organización brinda el apoyo para que los jóvenes que comparten este deseo puedan iniciar actividades concretas para conseguir la abolición de las armas nucleares.

 

Aquí en Hiroshima, el Primer Ministro Abe expresó su determinación de “lograr, sin falta, un mundo sin armas nucleares”. Espero que, junto con el Presidente Obama, asuma el liderazgo en este empeño. Un mundo sin armas nucleares sería una muestra evidente del noble pacifismo que define la Constitución Japonesa. Para que sea firme la realización de este mundo, es indispensable establecer un marco legal que prohíba las armas nucleares. Pedimos al gobierno japonés que muestre mayor compasión no sólo hacia los hibakusha, cuya edad media supera los 80 años, sino también hacia muchas personas que todavía, en este mismo momento, están sufriendo los efectos de la radiación, y les presten una mayor asistencia solidaria. Solicitamos, en particular, ampliar las “áreas de lluvia negra”.

 

Hoy, en este momento, ofrecemos nuevamente nuestras más sentidas condolencias por las almas de las víctimas de la bomba atómica y nos comprometemos a unir fuerzas con los ciudadanos de Nagasaki y personas de todo el mundo para conseguir la abolición de las armas nucleares y la construcción de una paz mundial duradera.

 

Kazumi Matsui

Alcalde de Hiroshima

Traducción: Inter Group Corp.

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